'De todas las calamidades que aquejan a la Humanidad en los tiempos modernos, guerras, miseria económica, epidemias, ignorancia, terrorismo, contaminaciones y muchas otras perversidades, la que más duele es la injusticia. Hay muchos conceptos divergentes sobre el tema, porque se sabe muy poco y se acepta menos. ¿Qué es la justicia? ¿Dónde está? ¿Es la que aparece en los códigos y en la Filosofía del Derecho? ¿Pueden los jueces ser justos? Ninguna de estas preguntas obtienen una respuesta que satisfaga la sed de justicia que padecen los desamparados.
Para comprender el sentido de las injusticias hay que reconocer que los seres humanos somos diferentes unos de otros, y que cada individuo cambia y es opuesto a sí mismo en diferentes tiempos. Para estar conforme con la justicia tendría que ser simple, sin compuestos, estado que se alcanza al final del camino. Mientras viva y avance en el sendero de la multiplicidad, deberá aprender las leyes de la ética dinámica, o, dicho de otro modo, adaptarse a los cambios por la práctica continua de la Renuncia, sin ninguna pausa. La libertad no se alcanza con la justicia de los hombres, ni con leyes o revoluciones (esas son manifestaciones opresoras de los más fuertes); sino por desprendimiento interior voluntario de las ataduras del mundo. La única solución es individual'.
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